12 sept 2010
¿Existe un precio justo para el agua?
Con al menos 94% de ríos y lagos contaminados, la sobrexplotación de 102 acuíferos, la desaparición de cinco lagunas y 38 ciudades con problemas serios de abasto de agua potable, México enfrenta una crisis de escasez del líquido que ya amenaza el desarrollo de ciertas urbes y ha generado conflictos sociales. La ubicación de 77% de la población en las zonas áridas y semiáridas; 11 millones de personas -sobre todo del campo- sin agua potable; el desperdicio de al menos 50% del líquido, y alrededor de 70% de aguas residuales sin tratamiento son algunas de las características que delinean el espectro nacional del agua. Paralelamente, México se ha convertido en el segundo consumidor de agua embotellada en el mundo.
Las políticas nacionales dan pauta a la privatización del manejo del agua, en la cual participan 10 trasnacionales que controlan 5% del mercado mundial, y 70% está concentrado en las empresas francesas Suez y Veolia, lo cual da idea de la magnitud del comercio de agua embotellada. Esto da pie al debate sobre si el agua es un bien público y derecho humano, o una mercancía.
En los últimos 10 años el negocio del agua embotellada se convirtió en unos de los más dinámicos del país -con crecimientos de dos dígitos-, que lo llevaron a consolidarse como el segundo mercado del mundo, superado sólo por Estados Unidos. Según especialistas e industriales, entre las razones del mayor consumo del agua embotellada en México destaca la pobre calidad del líquido, el mayor interés del consumidor por productos más saludables, la desconfianza en las redes de distribución y el impulso de las novedosas campañas publicitarias y nuevas presentaciones.
Según la información de la Asociación Nacional de Productores y Distribuidores de Agua Purificada (ANPDAPAC), en México hay casi 6 mil compañías productoras de agua, de las cuales 10 son consorcios, 150 son empresas grandes, 300 son medianas, 600 son pequeñas y 5 mil son microempresas. De las 5 mil microempresas que operan en todo el país, según el director de la ANPDAPAC, Gabriel Alcalá, 50% son "llevaderos" que operan de forma irregular y que surten garrafones a precios muy bajos en colonias o fraccionamientos; no obstante, el contenido de este tipo de agua es de dudosa calidad. Por segmento, el agua envasada tiene 24% del mercado, es decir, que equivale a mil millones de dólares, pero el gran fuerte es el garrafón, con 76% del sector, es decir un valor cercano a 3 mil millones de dólares.
En México las marcas más fuertes son Danone con Bonafont, Coca-Cola FEMSA con Ciel y Electropura, con su presentación ePura. En el segmento de garrafón, Electropura domina el mercado, pero Bonafont intensificó su presencia en los últimos meses. Esto explicable desde el hecho de que la gente consume más agua, en detrimento de los refrescos, que tienen crecimientos muy planos de 2% a 3%, mientras las aguas repuntan cada año hasta 15%.
Pese a que el negocio de agua embotellada lleva por lo menos una década con un dinámico comportamiento, que le permitió a México ubicarse en 2004 como el segundo consumidor más importante del mundo según un estudio de Earth Policy Institute, las expectativas de negocio continúan siendo favorables para las embotelladoras nacionales y extranjeras, que incluso recurren a la importación de la bebida.
Aunque en América Latina se encuentra 46% de las reservas acuíferas, el déficit en el tratamiento de aguas residuales es de 88%. En México se limpian 32% de las descargas de aguas residuales municipales y 26% de las industriales, es decir, el rezago es aún severo. Alrededor de 25 millones de mexicanos que radican en 23 ciudades enfrentan una disponibilidad extremadamente baja de agua, de acuerdo con los parámetros de la Organización de Naciones Unidas, y la mayoría de las ciudades de más de 50 mil habitantes se ubican sobre acuíferos sobrexplotados.
Considerando que el Salario Mínimo General por Área Geográfica en Pesos Diarios para el 2010 (STPS, 2010) es de $57.46 para el área A, $55.84 para el área B y $54.47 para el área C, y tomando como caso de estudio una de las 3 marcas principales de agua embotellada en México, Electropura en su presentación ePura, tenemos que el precio del agua embotellada es de $22.00 en su presentación de 10.1 L.
Tomando en cuenta que una persona debe consumir en promedio 3 L de agua diarios, y considerando que cada cabeza de familia tiene en promedio 3 dependientes económicos, se tendría un consumo diario de 12 L, lo cual significa 1.19 botellas al día; un gasto de $26.18 al día. Para una persona residente de alguno de los municipios pertenecientes al área geográfica C, esto representaría el 48.06% del ingreso familiar dedicado exclusivamente al agua de consumo humano, sin tomar en cuenta el agua de servicios sanitarios; éste porcentaje es extremadamente elevado.
El acceso a la seguridad química y biológica del agua de consumo humano que ofrecen las grandes embotelladoras en el país se vuelve prácticamente imposible para los sectores más marginados, que a la vez, en su gran mayoría residen en zonas con baja eficiencia operativa de agua potable, alcantarillado y saneamiento. Surge una imperiosa necesidad de desarrollar tecnologías alternativas que ofrezcan seguridad química y biológica a los consumidores de agua potable, que abastezca agua para consumo humano bajo las condiciones establecidas por las normas mexicanas vigentes, y que a su vez representen ahorros económicos, además de ser ambientalmente amigables. ¡A trabajar!
15 jul 2010
Lealtad recíproca
Siempre fieles, cariñosos, comprensivos, acompañantes incondicionales, amigos como pocos, traviesos, inquietos, divertidos, adorables protectores; los perros juegan un papel importante en el día a día de nuestra sociedad.
Nos gusten o no, nos encontramos en constante contacto con ellos, ya sea que formen parte de nuestra familia, de la del vecino, del conserje de la primaria, del de la tiendita o del novio o novia en cuestión.
Sus herramientas de conquista son innumerables: una mirada inocente y transparente, un pelo suavecito y acariciable, una cola reguilete que nos recuerda cuán contentos están de vernos, un beso y compañía a un dueño deprimido, un lengüetazo en el raspón de la rodilla que te hiciste al caer de la bici, un calefactor natural para los pies fríos en días de lluvia mientras ves una película, un amigo celoso que no permite que un extraño te abrace… en fin.
Y qué decir del perrito callejero, de aquél que te acompañó mientras comías un sándwich en el parque con la esperanza de recibir un pedacito de tan espléndido manjar. O aquél que te sigue hasta la parada del camión cuando vas a la escuela. Sería injusto olvidar a aquél que te advirtió de algún peligro sin siquiera conocerte, haciendo un esfuerzo por darte a notar que no debes seguir en cierto rumbo o con cierta acción. Algunos afortunados ponen tanto empeño en cuidarnos y acompañarnos, que logran pasar de ser un perro callejero expuesto al frío y hambre, para convertirse en un famoso y muy bien agradecido solo-vino.
Desafortunadamente, dentro de los perros callejeros, también están aquellos que nos despiertan un sentimiento de asco inevitable por posibles enfermedades o heridas; los que representan una molestia al adoptar como costumbre hacer sus necesidades en la fachada de nuestra casa o que tienen problemas de conducta o agresividad y se vuelven un peligro latente para la comunidad que los rodea, volviéndose una lacra social. No debemos perder de vista que la contaminación fecal por parte de estos animales impacta suelo, agua y aire, representando un foco de infección importante.
Pero también los perros domésticos pueden llegar a convertirse en este tipo de carga, al caer en manos de personas que no cuentan con el tiempo y paciencia para educarlos, la disposición para atenderlos o los recursos de alimento o espacio para mantenerlos. Cuando adquirimos una mascota, debemos estar bien conscientes de la responsabilidad que esto conlleva; tener un perro como mascota en la familia representa muchos beneficios, pero antes de hacerlo siempre es conveniente analizar nuestras capacidades y posibilidades. Somos humanos y los errores son nuestra naturaleza, pero si nos encontramos en una situación en la cual ya no sabemos que hacer con nuestra mascota, lo mas sensato es deshacernos de ella en forma responsable llevándolos a alguna fundación o centro de adopción en lugar de abandonarlos a su suerte en la calle.
¡La solución no es la eutanasia! En ninguno de los dos casos aquí planteados. A final de cuentas, estamos hablando de vida, de vida de seres que han demostrado tener un alma, pensamiento, sentimientos, capacidad de adaptación y razonamiento; no es como tirar un celular obsoleto a la basura (¡eso tampoco lo hagan, porfa! Prefiero no cambiar el ejemplo, para luego platicar de esto).
Pero entonces, ¿cuál es la opción? La respuesta es esterilización y adopción. Por medio de estas dos opciones, lograremos disminuir de forma significativa la sobrepoblación canina en las calles y con ello, por ende, los problemas de contaminación y sanidad en general. Además, la conducta de los perros que han sido esterilizados mejora, volviéndose mas tranquilos. Por otro lado, si adoptamos un perro, estaremos combatiendo la práctica de criaderos bajo condiciones inadecuadas para los animales con el único fin de lucrar con ellos, además de estar otorgando la posibilidad de una vida mejor a un perro ya nacido.
Si el objetivo es realmente atacar el problema de la sobreexplotación canina, una opción inteligente sería que las perreras municipales contribuyan en esta labor cambiando su forma de operación, sustituyendo la eutanasia por la esterilización. Afortunadamente ya existe cierta iniciativa por parte de fundaciones o activistas independientes que nos ofrecen una opción de adopción o bien, de esterilización mas barata o incluso gratuita; el camino apenas comienza y es muy largo, contribuyamos con nuestro granito de arena.
19 jun 2010
Instinto de supervivencia
Que delicia poder estar gozando de un tiempo de relajación frente al mar, sintiendo la brisa y los rayos del sol, escuchando el oleaje y pensando en todo y en nada a la vez. Que mejor si además del mar, el sol y la arena, nos toca en suerte ver jugar a los cangrejos en la playa, una línea de peces de colores a la orilla del mar, o con un tanto más de fortuna, alguna tortuga a punto de dejar su legado. A quién no le gustaría disfrutar de la maravilla de ver un delfín asomando la cabeza tan cerca como para poder apreciar su tierna mirada desde la comodidad de un camastro, ¿o bien un tiburón o una orca? ¿quién se apunta? Pues basta con asistir a las costas del estado de Florida. Suena como una maravilla, un sueño hecho realidad. Pero ¿es realmente eso, es normal que esto suceda?
Hablaré de los delfines, por poner un ejemplo; bellos, inteligentes y elegantes animales costeros y oceánicos que poseen una alta capacidad de adaptación, pues pueden vivir en aguas tropicales o templadas. En el caso de los oceánicos, se encuentran poco amenazados por factores naturales, pues los depredadores no humanos se reducen a escasas especies de tiburones que solamente afectan a los delfines mas pequeños.
Por otro lado, los delfines costeros y de río se encuentran fuertemente amenazados por la actividad humana, principalmente por la caza, al ser aprovechada su piel en países como Turquía y Japón, o bien, enredados por accidente en redes de pesca de altura, en donde mueren millones de ellos. Aun así, la mayor amenaza para estos animales es la contaminación y los cambios climáticos.
Debido a la distancia que separa al ser humano de los delfines oceánicos, no se tiene conocimiento exacto de su población mundial y a la fecha, parecen ni siquiera ser vulnerables a una situación de extinción, pero ¿cuánto tiempo durará esta situación?
Entre muchas de las características que convierten a los delfines en animales de admiración por su inteligencia, está la ecolocación ó ecolocalización. Esta palabreja no se refiere a “ecológico”, sino a un sistema de emisión y recepción de ondas de sonido. La mayoría de la población mundial ha escuchado alguna vez el sonido característico emitido por estos animales, que si bien no proviene de cuerdas vocales como en el caso de otras especies, sí se origina en la laringe y en las fosas nasales. Estas ondas de sonido viajan a través de dos fluidos: agua y aire, para rebotar en sólidos (el agua es un mejor medio para este propósito). Las ondas de sonido que resultan del rebote, que ya no son iguales a las del sonido original, no son otra cosa que el famoso eco. La anatomía de los delfines cuenta con una serie de sensores en el área de la cabeza (oídos, parte baja de la mandíbula y lóbulos alrededor de los ojos) que les ayudan a recibir los ecos para posteriormente analizarlos de acuerdo a diferencia de frecuencia e intensidad. Es debido a este complicado sistema que los delfines son capaces de detectar tamaño, forma, velocidad, distancia, dirección, e incluso un poco de la estructura interna de los objetos en el agua. Esta capacidad es de suma importancia en actividades como interacción social, localización de presas, orientación en relación a su hábitat y detección de posibles amenazas.
Pero qué sucede cuando, a pesar de detectar una amenaza, no hay forma de evadirla; cuando los dos caminos disponibles llevan a un riesgo inevitable y la única opción que se tiene es elegir que riesgo se quiere tomar; cuando la ecolocación, la sabiduría y el instinto se ven limitados por agentes invasores, dañinos, sorpresivos, agresores e incomprensibles. La respuesta se encuentra en un intento de adaptación a un cambio tempestivo, optando por tomar el riesgo menor. Es justo eso lo que sucede el día de hoy a delfines y otras especies en el Golfo de México.
Desde el pasado 30 de abril, nos encontramos ante el peor desastre natural a nivel mundial, luego de la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon de British Petroleum al realizar operaciones de exploración de mantos petroleros. Debemos coincidir en que se trata de un accidente, de un evento no planeado, sin embargo, ¿que tanto se ha hecho en materia de políticas públicas para evitar este tipo de sucesos?
No se cuenta con un plan de acción bien estructurado, vamos, ni siquiera podemos hablar de un análisis de riesgo que contemple la situación en la cual nos encontramos. Es inaceptable que por una serie de ineptitudes, a la fecha se estén derramando millones y millones de petróleo en una zona rica en biodiversidad e importante a nivel ecosistema, inhabilitándola de esta manera para la vida. Es imperdonable no estar preparados para detener esta catástrofe, sin ánimos de ser fatalistas ni amarillistas. No es posible que la práctica de extracción de crudo, siendo este último fuente principal de generación energética desde la revolución industrial, fuente inmensa de desarrollo económico, explotada irracionalmente durante tantas décadas, repetida innumerables veces por grandes grupos petroleros, no tenga contemplado en su operación un procedimiento adecuado para detener un “accidente” del tipo que hoy en día se encuentra sucediendo.
Son incalculables las consecuencias a corto, mediano y largo plazo que la fuga de crudo de Deepwater Horizon traerá consigo. La primera de ellas, la más inmediata, es la presencia en aguas sorprendentemente poco profundas de múltiples lisas, cangrejos, rayas, peces, aves empetroladas, delfines, orcas y tiburones en búsqueda de un lugar apto para vivir. Esta sobreexplotación, tristemente, ocasionará pronto la falta de oxígeno en el agua, la competencia constante por la alimentación, la exposición irremediable a depredadores naturales, el contacto constante con la contaminación y la actividad humana y por consiguiente, la muerte de gran mayoría de estas especies en la zona.
¿Cuál es nuestra labor? No quitar los ojos de encima, no olvidarnos lo sucedido, no permitir que se pierda la alarma y la atención hacia una problemática que nos incumbe a todos y ejercer presión para asegurarnos de que los daños sean reparados en nuestra máxima capacidad. Que los recursos resultado de las penalizaciones a BP efectivamente se dirijan a la remediación del medio, que los responsables no queden impunes ante lo sucedido; quienes tienen una mayor oportunidad, que concentren sus conocimientos y potencien sus esfuerzos en la búsqueda de soluciones tecnológicas que eviten el crecimiento incontrolable de un desastre que ya tenemos encima.
No permitamos por indiferencia o por ignorancia que la bola de nieve siga creciendo.
