23 jun. 2010

Difusión de la cultura: Rock, Fútbol y Redes Sociales

Posted on 14:09 by Atorado

Después de una vaticinada derrota el público observa como primero el Chicharito Hernández anota un gol, después por un penal Cuahutemoc Blanco anota otro; en ese momento la gente comienza a levantarse de sus asientos, a abrazarse los unos a los otros y a decir emocionados "ganamos". La colectividad social hace que todo el país se vuelva uno solo y eso incluye a los seleccionados que se encuentran al otro lado del mundo; caso diferente a una derrota no prevista, cuando todos apostaban a un empate, un remate de Luís Suárez  hizo que el público viviera momentos de angustia y la separación del discurso: "la selección perdío, por culpa de Franco y Aguirre, pero nosotros pasamos a octavos de final". La colectividad, entonces, se divide y los perdedores son aquellos que se encuentran jugando a medio mundo de distancia, mientras los calificados somos, de nuevo, todos.


Existen una serie creciente de festivales musicales en México y es una oferta que cada vez se vuelve mayor, lo mismo pasa con la oferta de conciertos internacionales. Los boletos son adquiridos con antelación y en el caso de los festivales se programan las horas para ver a una banda específica; sin embargo, la gente llega antes a ver a quienes se puede ver tocar en bares de manera constante, en ocasiones se hace para abuchear al grupo que se presenta de manera previa a la que se tiene interés en ver. Muchas veces propuestas son pasadas de largo por no pertenecer a un mainstream o por el contrario por pertenecer a él. La gente le da la espalda de inmediato al enterarse de nombres como Enrique Bunbury, Calle 13 o Natalia Lafourcade. Esto es una manera de reafirmar el papel que se tiene dentro de esta colectividad asistente a conciertos; dentro de las cuales las pláticas giran de los conciertos a los que se ha asistido y de las bandas a las que se ha odiado.

De repente nos vemos llenos de grupos en Facebook del tipo " yo odio el despertador" u "odio los blogs que quieren ser revistas", de igual manera pasa con twitter y los hashtags delimitados por el prefijo #. Y que nos han llenado de maravillas insulsas como #sufrocomoprecious o #loqueseanecesario, La participación en éstos grupos hace que sintamos que pertenecemos de nuevo a una colectividad;  junto con una serie de desconocidos tenemos algo en común marcado por un botón de me gusta o por un #.


Todos estos casos son ejemplos de culturas emergentes y temporales, pero que funcionan como creadores de identidades personales. Los elementos de la identidad personal formadas por esas culturas emergentes permanecerán mientras sean alimentados socialmente, es decir mientras se cuente con alguien, además de uno mismo, que los replique.

La cultura es definida como la serie de simbolismos que definen a un grupo determinado, estos incluyen: lenguaje, costumbres, tradiciones, maneras de comunicarse, forma de vestirse, Etc. Es todo aquello que nos hace pertenecer y que nos da un objetivo común a un conjunto de personas; propicia movimientos, grupos, objetivos y finalmente identidad personal, que es aquello que nos hace percibirnos como diferentes a los demás; ésta se basa en la creencia de que cada una de las personas es única. Sin embargo, la identidad es inherente a la cultura. Pues para poder definir esta serie de factores que nos diferencian es necesario contar con un grupo de referencia.

Es entonces cuando el papel del difusor de la cultura entra en juego, pues en el imaginario que se tiene un difusor de la cultura, sea una persona o una institución, es entendido como un organismo que genera una propuesta de eventos, exposiciones, cursos, talleres y los ofrece al público para que se encuentren a su alcance. Sin embargo está es una postura que debe ser replanteada y que mejor que retomar los ejemplos citados al principio para hacerlo.


Lo que nos hace, durante unas semanas, contar con una identidad, no es el hecho de que México se convierta en campeón del mundo o el deseo de golear a algún equipo, son los códigos comunes que se ven inmersos en dicho fenómeno. Todos nos convertimos en directores técnicos e incluso la gente que no sigue el fútbol se convierte en una persona que por influencia social apoya a la selección a morir. Esos códigos morirán a mediados de junio y se repetirán en cuatro años, pero mientras se hable del mundial y se usen camisas verdes, la identidad creada por esta cultura permanecerá.


Cuando se dan los festivales musicales o conciertos importantes,los códigos son más limitados en tiempo, pero aún así nos permiten relacionarnos con más personas y más importante aún: generar una identidad personal que es compartida y reconocida por los demás.Es creciente la comunidad de asistentes a conciertos y guardamos algo que nos reafirme como uno de ellos, puede ser una playera o la plática continúa del concierto pasado o del próximo concierto.


Es un caso más extraño son los grupos de Facebook y mayor en los hashtags del twitter, comenzamos por indicar que nos gusta algún fenómeno o incluirnos en un grupo, que pueden ser de mucha relevancia o completamente inútil, y nos gusta ver que nuestros contactos se adhieren a él. En el caso de twitter, sólo basta con marcar un # antes de las palabras que queremos delimitar; y esperamos a ver quienes de nuestros seguidores lo repiten, en casos este hashtag llega a convertirse en un trending topic, es entonces cuando nos sentimos parte de algo e incluso lo replicamos en nuestras conversaciones fuera del medio. La cultura ahí es momentánea, pero la construcción que deja en nuestra identidad permanece a un mayor plazo.


La construcción de una identidad basada en la cultura permite que ésta permanezca y al hacerlo se busca perpetuar y repetir las características culturales que la conformaron. Ese el secreto del crecimiento de las redes sociales, de los eventos exitosos y de la afición. La cultura y la identidad se alimentan el uno al otro y propician que la identidad personal se convierta en una identidad social al pertenecer a un lugar, a un movimiento, o simplemente al asistir a ciertos eventos.


La cultura influye en la identidad y ese el papel del difusor de la cultura, no sólo darle a la gente una serie de eventos, sino de crear en ellos un sentido de pertenencia, un objetivo y lugares comunes, códigos y una serie de valores que le harán pertenecer. El fracaso de muchos intentos de difusión de la cultura es que se basan en las creencias que se tienen por parte del difusor de lo que la gente necesita y no de lo que se necesita en realidad.

El proceso de difusión de la cultura lleva tiempo y se tiene que buscar su continuidad, no existe cultura si lo que se ofrece no genera identidad y en ese caso es necesario fomentarla, comenzar poco a poco y lograr un alcance cultural con el paso del tiempo. Si no se busca la creación de esta identidad nunca se lograrán dejar atrás los conciertos, conferencias, exposiciones, etc en los que sólo asiste la familia de quien expone. Y para lograrlo es necesario conocer a la población a la que se dirige: verla como reacciona ante el mundial, verla ir a conciertos y seguirla en las redes sociales, de esa manera los códigos del difusor cultural y de la gente serán los mismos.






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